lunes, 7 de enero de 2013

Despertares


Despertares

I

¿Cuál es el resultado de esos diagramas existenciales que cobijas en el seno de tu pena? Atmósfera: nicho pedestre de libres insanidades, suero perpetuo de egos en boga, insomnes; de un afecto henchido, pronto a estallar, paulatino pero inminente; en un bosquejo de dudas certeras, de afirmaciones confusas, de resultados abiertos, de sangre sin coagular, que fluye, pinta, derrocha vida desde la muerte.

II

Una gran eufonía interna como melodía del dolor. Y esas manos cansadas de tu abuela sobre tu hombro; el suspiro ahogado de un instante de placer inmortal, como un ser para la muerte como acto total de vida. La poesía como orgasmo, ¡Dejá esos libros que te están quemando la cabeza! Sí, ¡Que la quemen!, que arda en las brasas etimológicas del más puro lenguaje: el del instinto, fuera de coerciones, lejos de la cobardía llana y viscosa del hombre maduro: una triste letanía sentimental, un mero caer en el tiempo infiel.

III

Abismo, un vértigo expropiante, que aliena los amores fosilizados, que desnuda y señala tu cuerpo, ¡Ahí estás! ¡Blando!, ¡esquivo de fuego! Renazcamos. ¡Cometamos actos de humanidad! Asaltemos a la razón, burlemos el proyecto común que repiten multitudes. El látigo de la cultura sobre tu lomo, es un desafío ya no un dogma; es la libertad en los ojos de tu hija creyendo en la imaginación como única verdad; son las lagrimas como erupciones de pasión que intentan escapar.


Marvel Aguilera

jueves, 13 de diciembre de 2012

El Descenso


El Descenso

Furtivo valor del destino, en laderas pedregosas de coraje cautivo;
Afuera, el frío de los cuerpos respira el aroma de pesares henchidos,
Piedad vana del iluso castigo, de soñar con los mares:
Navegar sin timón, sin vela, sin sentido.

Y hay un todo que conspira; una trémula sombra que certezas desafía;
En los valles ardientes tu razón has extinguido, y en el
Falso decoro, ¿Se desvanece tu imagen en el tumulto del olvido?
Por cierto, se despluman las alas, de un descenso acaecido.

Moriremos ocultos, bramando por aire, ahogando los latidos.
Perderemos el norte; seremos ecos en la noche,
 Vientos negros que azotan ramajes en otoños vespertinos,
 Zumbidos atroces que despierten inquietudes, reproches dignos que empobrezcan y devuelvan el respiro.

Nadie recordará jamás cómo el mundo descendía;
Las flautas de la muerte en el umbral de la elegía;
El pregón insolente de los desaparecidos:
Que anunciaban la derrota del hombre en el mañana, que rendían pleitesía, al infierno que a sus risas engalana.

Marvel Aguilera

domingo, 27 de mayo de 2012

Nocturno Creciente


Nocturno Creciente


Impronta caída, tarde cansada del estoico dominio;
Nocturno calvario que agobias el sentido; no me dejes perder:
La sal de los mares, la tierra entre los dedos, las noches en vela que añoran destinos.



Por calles mojadas, vagas, ocultando tu parca dolencia;
Solemne destello apagado, luna de ausencia;
Sombras en mundos ajenos: que ríen, lloran, malgastan su pulcra decencia.

Tu alma ensombrecida un fruto sin vida,
Follaje calvo que vislumbras un camino;
Sendero ralo, sin punto de partida.
Fluye sincero el viento contigo, urbano futuro, agoniza el alba, su reflejo: tu ida.


Selva de torres, de brillos e idilio;
Disperso el corazón, dispersos sentidos,
Aroma falto de erosión, burda razón de conceptos tullidos.
Horas largas y cerradas,
Tiempo funesto y renegrido;
Cielos caídos, tierra lejana,
De huesos molidos.

Marvel Aguilera

miércoles, 11 de enero de 2012

Reencarnación


Reencarnación

“Lo que se mueve por sí mismo es inmortal”
Platón

Nacido: cuerpo renegrido, visión del mañana;
Alma plebeya que vagas en el olvido, tu herida aún no sana;
En busca del tiempo perdido, ¿Los cielos se han rendido?
La soledad de mi sueño, lánguidos sentidos;
El triste adiós de tu aliento y el mío.

Destino incisivo, secreto, oculto y repetido;
Memoria fugaz, sin punto de partida;
¡La liberación de los seres es el dogma vencido!
¿Un deseo común? Que natura decida:
Que brillen las flores, el fuego calle,
Y se enlentezca nuestra ida.

Renaces puro; desnudo y peregrino;
Peñasco de vidas inclementes:
Crecerás en tierra fértil, en señales sin camino;
Nadaras en ríos insolventes, en inviernos sin frío;
¿Oculta realidad en mitos de Oriente?
Insoportable verdad golpea el presente.

La muerte es vida en tiempos mezquinos;
El silencio ruido, la materia un vacío;
Tu eterna memoria presa de amnesia;
El saber despierta las raíces divinas.


Marvel Aguilera
11 de enero de 2012

martes, 20 de diciembre de 2011

Sudestada

Sudestada

Corteza: de huecos penares, de tallos sin gloria;
Tristeza: de viejos lugares, de calles sin nombre;
Certeza: de ciertos finales, de soles sin sombra;
Sincera disculpa de tu boca mojada; rompe en las rocas, barre la arena, sudestada.

Amparo: de viles excusas, de burdas zozobras;
Reparo: de heridas culposas, de turbias deshonras;
Separo: la vid de la sangre, la hiel de la sorna;
Novicia de olas; tu barca quieta, encallada;
La sal de tus labios, un suspiro, sudestada.

Suceso: de tiempos en boga, de gloria pagana;
Receso: de penas que abordan, del recuerdo que emana;
Un beso: mil trazos cincelados, la suerte está echada;
El mar en la orilla, el ayer y las palabras calladas;
El sol caído, tu reflejo perdido, sudestada.

Marvel Aguilera
20 de diciembre de 2011

viernes, 9 de diciembre de 2011

La Rebelión es Nostalgia

La Rebelión es Nostalgia

Penuria sentimental, mudo el viento, quieto el follaje;
Trunco recuerdo de arrabal, muerto el coraje de años atrás;
¿Ves como el tiempo cierne la piedad?
Veo sus tumbas: la tragedia delante, la comedia detrás;
Sombras somos, sobras, recortes de la verdad.

Moralidad cesante, perdido aliento, vidrios sin empañar;
Falsas promesas arderán, ¡Clemencia! El pueblo gritará,
¿Añoras besos de despedida en cualquier terminal?
Ultimas tu vida, encierras tus sueños en espiral;
Pero los niños crecerán, sus gritos: nuestra libertad.

Ideas en aridad, ciego horizonte, vista oscura y pura nulidad;
Rebeliones setentistas, nostalgias ya serán (yacerán);
¿En los ojos de tu hijo el futuro nacerá?
“Es la historia que paseo por Buenos Aires, y nadie quiere publicar” (R. Walsh);
En la tierra que pisamos el mañana nos recordará.


Marvel Aguilera
09 de diciembre de 2011

sábado, 3 de diciembre de 2011

El Mendigo


El Mendigo

Marvel Aguilera



















El atardecer marchita mis párpados. Las botas y bufandas delatan la estación: mediados de septiembre, un otoño añejo y desvencijado. La plaza se desola paulatinamente, de niños sudados y amates vigorosos; en tanto mi cuerpo, revestido de harapos mohosos, materializa el dolor.
Las noches son pasajes luminosos a la contingencia, cosmopolitas; el revoloteo de mis manos en los deshechos de calles cualquiera, las migas de un comerciante piadoso. Camino arrastrando mis pies, el pisar me duele; señalado al paso por ojos juiciosos, que desnudan la verdad de la realidad: la que me cubre en cartones, la que me hiela el vientre. Fumo en la oscuridad, recuerdo las reuniones en el café Madrugada, con Víctor, mi socio, muerto hace más de tres años por un abrupto infarto. Mi ambición ahora es congoja, he andado por las ruinas de mi pasado, pero sólo observo las penurias presentes que devuelven los escaparates comerciales.
Los niños aúllan, corren pavorosos ansiando cesar su agonía. Me rodean, preguntan mi nombre; miro sus caras consumidas que balbucean pedidos. Les acerco unas monedas, sé que contribuyo al final, pero no tengo alternativa. En tiempos de civil pensé en la paternidad, en más de una oportunidad. Proyecté imágenes familiares, nombres y colores, sin embargo, mi destino era ser mi propio padre, cuidar el resto de infancia impregnado en mí, el que me permitía sobrevivir: revestir la tragedia con vetas artísticas, revivir en mi memoria el cuerpo tibio de un amor sobre el mío.
Mañana mis letras serán polvo, y ya no habrá nada que delate mi existencia, como si nunca hubiera sido, sólo un resoplido del viento; aunque ahora parezco no ser, ¿Los juzgo? No, yo también carecía de humanidad, vagaba entre ruidos y faroles, subsumido en deseos ajenos tomados como propios. Trabajamos para morir dignamente, ¿Porque no vivimos dignamente? La mierda nos corroe, como perros que huelen el trasero del que recién defecó.
Las madrugadas son nuestras, el único tiempo placido en que nos sentimos dueños: donde levantamos las cabezas y encontramos nuestras miradas honestas, sobrias. A través de la basura uno conoce mejor que cualquier terapeuta a las personas: su chatarra, sus vicios, sus perversiones, sus miedos. Fumo para no pensar, y bebo para olvidar los pensamientos filtrados, como esa bolsa negra aplastada que encontré en una esquina de Parque Patricios. El invierno quemaba los ojos, prestos al lagrimeo; abrí la bolsa y encontré el resto humano de un recién nacido, embrollado como si hubiera intentado darse calor a sí mismo. La civilización es un mito. Llamé a la policía y huí de allí antes que aparecieran. No pude comer por dos días, eso no me preocupaba. Y en el corazón de las madrugadas los veo, no son bebés pero todavía ríen y lloran como niños, parecen jugar pero no juegan, sobreviven; duermen en las calles. No hay diferencia alguna, ellos también han sido arrojados a morir, lentamente, la calle los carcome como un cáncer. Si hubiera humanidad todos seríamos asesinos. A veces pienso en salvarlos, dignificar su memoria; poso mis manos alrededor de su cuerpo dormido, que necesita ser liberado, limar los barrotes de esta jaula de pájaros. Pero mis manos enguantadas cesan, no soy juez ni profeta, sólo un mendigo que ve pasar el tiempo. Rodeo con mis brazos el infante y cierro mis ojos una vez más. Las noches son siempre frías, por más que ardan mis huesos, que son ya casi ceniza.

Marvel Aguilera
03 de diciembre de 2011