sábado, 15 de octubre de 2011

Challenge against time

 

 Challenge against time

 

 

 

 

 Marvel Aguilera

 

 

 

 

 

 

 

 

Primera parte


“El tiempo marca nuestras vidas, es nuestro fiel compañero por momentos y nuestro cruel perseguidor en otras ocasiones. Durante los años que he vivido: sentí, sufrí, lloré y recogí  miles de nostálgicos recuerdos, de los cuales algunos ya no quisieran recordar. En la incosolable oscuridad que manifiesta la muerte, es el tiempo el que decide cuando es el momento preciso y oportuno para otorgar mi frágil ser a los brazos de la tan tenebrosa paralizadora de vidas”.

Sentí de repente un profundo dolor en el pecho, como una fina punzada recibida con la mayor de las sutilezas; pero que hace estremecer el cuerpo de la cabeza hasta la planta de los pies. Abrí lentamente los ojos, los parpados me pesaban, mis manos sudaban constantemente y mis labios estaban secos y arrugados, con un aspecto lívido que llamo mi atención.
Me empezaba a sentir incomodo seguir reposado sobre el confortable pero atrapador sofá, eterno cazador de sueños, logré levantarme y estirar un poco los musculos contraídos. Me sentía como si hubiera dormido por siempre, como si mi vida hubiera sido un interno sueño constante del cual me daba la dicha de despertar de tan temible intermitencia.
No recordaba que estaba haciendo antes de dormirme, pero tampoco era de mi preocupación, y tapado por una bata color bordo, me dispuse a prepararme una taza de café que me hiciera replantear mis ideas y pensamientos, necesitaba reflexionar. En ese instante sentí los golpes llamando en la puerta, pero¿Quién podia ser? Creí que se trataba del cobrador, viejo cascarrabias con aires de superioridad que intenta llenar sus espacios vacios sintiendose importante y fundamental para el funcionamiento de nuestro sistema de vida. O tal vez fuese mi querida Eugenia, que me daba el gusto de darme uan sorpresa, aunque no lo creía posible ya que ella siempre me comunicaba antes de pasar por mi morada. Sin más preámbulos, atravesé la biblioteca en donde minutos atrás dormía profundamente, y parandome delante de la oscura puerta de marmol, traté de vislumbrar algo por el cerrojo pero observé todo borroso y confuso. Con mi voz aguda y cansada pregunte- ¿Quién es?- Escuché una debil respuesta tras la puerta pero no pude identificar lo que decía ni mucho menos reconocer una voz amiga, con insistencia volví a interrogar -¿De quién se trata?¿Qué se le ofrece?- una voz madura y altiva contestó con simpatía –Disculpe Sr. Normand soy su abogado asignado, vengo a presentarle unos formularios y decretos que seguro le interesan, disculpe si soy inoportuno pero creame que es sumamente importante para usted, se trata de su vida, de su futuro y de su tiempo. Mi nombre es Ernest Franz, como le dije anteriormente su abogado asignado, el mejor que se le pueda ofrecer, con sinceridad.
-¿Asignado por quién?- le pregunté. Asigando por la vida, asignado como una oportunidad unica de poder seguir adelante, de poder cruzar horizontes, escalar los cielos, disfrutar de todo lo que le atormento alguna vez y comprender todo aquello que resultaba enigmático y misterioso –me respondió-. Pero yo ya poseo un abogado competente, sin ofender sus capacidades, y no logro entender el  porque de mí, por que soy la persona elegida para vivir todo aquello que usted dice, que tan bello y divino parece; pero tan escéptico e inverosimil me figura –le contesté con firmeza-. Si usted me permitiera estimado Sr. Normand me sería más ameno y compasible poder conversar más profundamente en su morada, le prometo que solo será un momento, y si usted cree que está perdiendo parte de su tiempo, me retiraré enseguida y con su permiso –me decía con una irónica pero simpática voz-. Espere un instante –le dije-, abrí con paciencia la vieja puerta, la cual hizo un chirrido molesto, y logré ver al sujeto. Un hombre de mediana estatura, traje negro reluciente, una mirada segura, llena de vitalidad; una perfecta afeitada, dandome la impresión de que jamas tuvo un bello facial. En sus labios figuraba una sonrisa burlona e intrigante. Lo hice pasar hasta la biblioteca.
Caminaba con cierta indiferencia, como si ya conociera de años mi hogar, se sentó relajadamente en uno de los sillones, apoyando su negro maletín sobre sus piernas. Cerré la puerta cuidadosamente (para que no volviera a sonar) y me dirigí hacia él.

Segunda parte


“La muerte es un suceso abrupto y riguroso, se presenta sin presentarse, aparece sin vislumbrarse, nos quita aunque nosotros no quisiesemos darlo. En todos los tiempos ya sean ancestrales o modernos, la muerte espera, tejiendo la telaraña, con ansias de devorarnos y llenarse de nuestro ser, y una vez abastecido su apetito vuelve a comenzar la busqueda de una nueva presa, que lo mantiene vivo aunque ironicamente represente todo lo contrario”.


Sentándome entonces frente a él, desafiando su espesa mirada, los ojos negros, oscuros, llenos de terror, de vértigo, hicieron estremecer mi piel provocándome escalofríos. Fue un instante en el que recorde todos aquellos lejanos recuerdos en los que corrí peligro, situaciones que han dejado cicatrices en cuerpo y alma, como aquel día alterado de alegría y diversión, subí al extremo superior del viejo pino que se encontraba en el terreno frente a casa, en el cual pasaba tantas horas de mi vida, pero desde aquella oportunidad en la cual resbalé subitamente, y mi pequeño cuerpo de infante cayó pesadamente sobre el terreno salvaje falto de pasto y cuidado, ese día fracturé dos huesos de mi cuerpo y lastimé varias partes del mismo. Ya había pasado mucho tiempo de este hecho, y nunca lo había recordado tan clara y visiblemente como en este momento al observar la siniestra mirada del extraño, sentado en la biblioteca de mi hogar.
Murmure algo sin darme cuenta, él sonrío brevemente, me sonrojé un poco y con la intranquilidad que me generaba su misteriosa presencia le interrogué -¿Qué necesita usted de mí, Sr. Franz? juntándo sus manos en forma de rezo –me replicó- que desilusión Sr. Normand creí que se había empezado a dar cuenta de su frágil e inestable posición, le comentaré lo más brevemente posible: Usted a sido elegido por la excelentisima autoridad, el supremo y venerable director de las tinieblas, el magnate difusor de la oscuridad... –¿Acaso supone que soy un psicópata útil para los objetivos de su superior?- lo interrumpí vehementemente, no se sobresalte Sr. Normand, su utilidad no es justamente en referencia a sus actitudes y normas morales, debo decirle que estoy sumamente informado de su persona, lleva una vida clara y serena, refugiandose en los pocos seres queridos que tiene a su alrededor, siente un profundo sentimiento por su querida Eugenia pero... ja... ambos sabemos que jamás podrá llegar a amarla, que está por el simple hecho del miedo a la soledad, la fiel soledad que lo ha atormentado por tantos años Sr. Normand, en pocas palabras usted la necesita como un sostén moral y espiritual pero dudo que se trate de un genuino amor Sr. Normand.
Estaba aterrado, en un primer momento sus palabras habían provocado una inmensa furia interna, pero en el momento que comprendí sus dichos, en ese instante lo supe, como la última gota del vaso que se desliza tan suave y tentadora hasta alcanzar el refugio de la boca que la espera y la añora tan ansiadamente. El sabía todo de mí, no se como ni porque; pero conocía en profundidad mis emociones y sentimientos, eso me dió miedo, me aterró.
Con el poco valor y orgullo que me quedaba –le respondí- si bien entiendo usted esta aquí por asuntos futuros y de carácter utilitario, entonces no veo la necesidad de compartir con usted, intimidades mías que no lo competen, así que me veo en la obligación de pedirle que sea directo conmigo, no creo tener el tiempo necesario como para estar derrochándolo con estas charlas pseudopsicológicas e intimidantes acerca de temas personales.
Sr. Normand usted es el menos indicado para hablar de tiempo, el suyo ya ha expirado, concluyó. Hoy día le estoy dando la oportunidad de cederle un poco más, yo mismo sé que lo necesita, que no querría terminar su vida de esta manera, tan abrupta y bruscamente. Usted es un hombre constante, intenso, al que le gusta llegar al límite de las cosas, y yo creo poder otorgarle todo ésto, solo necesito saber si usted esta dispuesto a aceptar ciertas condiciones... –me decía con cierta seriedad-
-¿Acaso usted esta amenazandome?¿Ese es el fín de su visita? Atentar contra mi vida por el hecho de no tolerar mis actos de pacificación e integridad, usted que tan serio parecía en realidad es un simple matón que viene a intentar cambiar mis ideales por medio de la fuerza, verdaderamente me decepciona, esperaba algo más que ésto... -
Sr. Normand no se preocupe que no soy eso que usted piensa, en realidad su vida me tiene sin preocupación, porque para ser sincero usted ya no tiene posesión de ella, usted es como yo Sr. Normand, un simple espectro que ronda los mismos lugares, que recorre las mismas calles y observa todo aquello que alguna vez fuese suyo pero que ahora no está a su alcance, usted ya no forma parte de este mundo, es un alma perdida en busca de su encuentro con la realidad, con una realidad que lo ha abandonado, dejándolo aquí sólo, sin respuestas, creyendo una verdad que no es cierta, tratando de seguir un camino que no es el correcto, me lamenta mucho tener que informarselo yo mismo, pero ya es hora que sepa que usted ha muerto Sr. Normand, estoy seguro que despertó teniendo la impresión de algo violento, bueno... no fue una pesadilla, su vida ha concluído, lo lamento Sr. Normand.
-Perooooo... y...¿Cómo?¿Qué cosas dice usted?¿Cómo sabe eso? No puedo creerlo-
-Entiendo que es algo duro, dificil de asimilar, pero no se preocupe que las respuestas van a ir llegando rapido, porque cree que el hecho de no respirar ya no lo afecta, y su transpiración siempre inminente, el día de hoy ya ha desaparecido, y algo muy lógico en usted, claro, estoy seguro que no se ha dado cuenta de que no lleva puestos sus anteojos, sin embargo, observa perfectamente, como en aquellos días de niñez en los que todo era claridad y nitidez, en fín Sr. Normand el tiempo se lo dirá, aquel tiempo que usted mismo dice que tan importante es-.
            Me cuesta creer que alguien se me aparezca y niegue mi existencia, es algo inadmisible, soy incapaz de comprender tales palabras, no puedo confiar en la veracidad de sus dichos, han sobrepasado los margenes de mis pensamientos, estoy realmente confundido y más me confunde el no entender el porque de su oportunidad¿qué quiere usted de mí? Si tan efímera fue mi existencia, si el tiempo me ha jugado una mala pasada, traicionando mis sueños, sellando mis objetivos sin consentimiento previo para poder penar un poco de ellos, quisiera sufrir por todo aquello que no tuve la valentia de rendir, añoro reir de todo aquello que quizo divertirme y llorar de los males que afronté con tan poca sensibilidad.
            Lamento hacerlo sentir de esta manera, no es mi intención, lo único que necesito de usted es su habilidad, su criterio para afrontar situaciones complejas, su perseverancia y seriedad que lleva a cabo con fiereza, avasallando los males y otorgando un halo de esperanza y paz, quisiera contar con esa mente brillante que tantas heridas alivió, que tan grandes teorías planteó y en cientos de ocasiones medió. Usted es el elegido por ésto y por mucho más Sr. Normand, hoy lo necesitamos mañana tal vez ya no, por eso estoy aquí hoy, por eso usted esperaba algo sin saberlo, por eso me hizo pasar a su fría biblioteca, que está congelada por el sentido obscuro y mortal que emanan nuestros fallecidos cuerpos inundando el aire que nos rodea –decía secamente juntando sus finas manos-.
¿A dónde pertenece usted? –Quiero saber quien me necesita y para que servirían mis actos –le expliqué inquieto-.
Es preciso que sepa para quien colaborará pero támpoco necesario, pero sabiendo lo importante que puede significar su contribución, se lo dire sin más excusas –repetia-.
En ese momento sentí como el color de las paredes se opacaba, note como si el suelo fuera innecesario, nuestros cuerpos no pesaban, solo eran parte del mismo aire que respirabamos, las luces ya no tenían fuerza, mis ojos veían más allá de las paredes, y tal vez supuse lo poderoso que él fuera ¿O es que acaso ese poder surgía de mí? No quería averiguarlo.
Escuchaba sus palabras que repetía con su aguda voz pero no solo era ella, eran miles de voces, voces de espectros, de seres malignos que suspiraban odio, de pequeños niños intentando pedir ayuda, de un torrente de seres que conocí, que quise y otros que reconocia pero no recordaba a quien le pertenecian. Entre el frágil bienestar de mis sentidos y el silencio de mi frío corazón, el cual recien me daba cuenta que no latía, traté de comprender las palabras de aquel extraño, el cual jamás había visto, sin embargo, todo conocía acerca de él, poniendo suma atención a su explicación creí escuchar algo así:
“El mundo en que vive usted Sr. Normand esta plagado de maldad: actos de violencia, crimenes organizados, venta ilegal de narcóticos, prostitución infantil, etc. Sabiendo ésto es que nuestra organización pretende limpiar este planeta de tanta escoria y pudrición. Esta gente no puede seguir soportando el sufrimiento diario, ora entre hambre y miseria, ora rodeada de montañas de dinero, ora siendo explotados por la corrupción del sistema.
A través de los años la sociedad ha tenido que vivir y adecuarse a los males que trajo consigo la historia. Cientos de imperios se construyeron sobre la sangre de los nativos, destruyendo su cúltura, sus ideas, su religión, hasta sus conflictos internos. La naturaleza se ha deformado, ha sido violentamente aniquilada para el regocijo del hombre. Todo aquello que Dios supo otorgarles para su prosperidad ustedes lo tomaron para beneficio propio, sin importar el sentimiento moral que todo eso implicaba. Las guerras, batallas, las armas nucleares, las luchas políticas y socioeconómicas; todo contribuye a reavivar los males. El hombre que supo nacer para descubrir el amor, hoy solo se interesa por el poder. Asi como un interminable diluvio azotó al mundo civilizado casi diéz mil años atrás, en este momento nosotros proponemos esta solución, que será dura pero con el tiempo cosechará sus frutos, y si acaso surgiese lo mismo, ahí estaríamos otra vez: para curar esta enfermedad que tanto afecta a su sociedad, el poder Sr. Normand. Por eso lo queremos a usted para unirse a nuestra organización y crear las bases de una nueva sociedad, en la cual no haya beneficios, sin religiones ni grupos politicos, solo millones de personas con un objetivo en común, servir a nuestro ser supremo –me decía-
¿Y puedo saber cuál es ese ser supremo? –le dije levantando levemente mi cabeza-.
Usted lo sabe muy bien Sr. Normand, no hay necesidad de mencionarlo... ¿Entonces cuál es su respuesta? Pienselo, usted seguiría con su vida como si nada de esto hubiera pasado, con sus miedos, sus emociones y alegrías. Un insignificante momento de su existencia nos serviría a nosotros hasta la eternidad, es un precio justo que usted debera aceptar.
No se muy bien porque lo hice ¿Por qué lo habia rechazado? Solo sé que le dí mi negativa y posteriormente salió de mi hogar. Tuve miedo, pero en mi interior sabía que estaba haciendo lo correcto, merodeaba entre el límite del bien y el mal. No hubo respuesta de su parte solo bajó su semblante, dirigiose hacia mí pero sin observarme, parecia sentir su desprecio o quizás decepción, no supe que pensar y tampoco explicar el porque? cerré la oscura puerta tras él y respire con profundidad, aliviando mi pesar y sintiendo la sensación de estar experimentando un hecho determinante de su efímera vida.
Observé mis manos, ya no me sudaban, comenzaba a anochecer y mis ojos se rendían ante la sensación del sueño eterno, recorde que había olvidado preparar el café, pero ya mis musculos agobiados exigían un freno, no tuve oportunidad de más, tan solo caí sofocado y extenuado de tanto malestar ¿Sería mi hogar mi tumba? Lo ultimo que observé fue una mancha colorada en el techo, un rojo tenáz que me recordaba la sangre, observe durante varios minutos recostado sobre mi cama, intenté penetrar la mirada en la vivacidad de la mancha, es decir la sangre, pero ya no había tiempo, ya no había vida. Quise parpadear lentamente pero mis ojos se cerraron en un instante, estaba dormido.

Final


“Vivimos constantemente atados a un irremediable final, creando constantes miedos, saboreando la espera que se torna interminable, ¿acaso es significativo nuestro destino? ¿Podemos cambiar el rumbo de nuestros seres? La vida nos demuestra diariamente que hay siempre un lugar para cada uno de nosotros, en donde podemos ser y estar al ritmo de nuestros tiempos, tiempos en los cuales el hombre comenzará a disfrutar su presente antes de preocuparse por el futuro. Habiendo millones de personas que sufren en demasía el pasar de sus vidas, rodeados de tantas desgracias y catastrofes (creadas por ellos mismos), la mejor manera de remediarlo es creyendo que la viva esperanza podrá en algún tiempo alejarnos de tanta desdicha, y valorar lo maravilloso, austero y cálido que nos brinda nuestra propia existencia.

Entre un vendaval de emociones y sentimientos desperté, con la sensación de dormir miles de años aunque solo fuesen horas. Reposado por encima de la cama con toda la ropa cubriendome, inclusive los zapatos, crei estar en un sitio desconocido, inhóspito, indiferente para mi persona. A medida que me iba levantando, es decir poniendome en pie, podía escuchar ciertas voces en el salón comedor o por lo menos creía que provenían de ese lugar. Algunas me resultaban conocidas, otras enigmáticas aunque cercanas. Sin que me ganase la impaciencia o el apuro, preferí entrar al cuarto de baño para asearme un poco antes del supuesto encuentro con esta gente.
Giré la llave del lavamanos, el agua estaba helada, al observarme en el espejo noté algo que me sorprendió: mi cara estaba intacta, no tenía rasgos de pereza ni nada por el estilo. Mi cabello no demostraba desprolijidad, en igual medida mi ropa. Vacilé un momento, y finalmente me lavé lo necesario y justo antes de retirarme.
Al entrar a la habitación (salón comedor) mi sorpresa fue aún mayor que la anterior ¡Cuanta gente se encontraba en mi morada! ¿Quién los habia invitado?¿Cómo es que entraron sin que yo les fuese a abrir? Muchisimos rostros reconocí, de familiares cercanos, otros de mas lejos que hace tiempo no apreciaba, algunos eran gente amiga del trabajo o de la vida en sí, incluso había gente que no reconocía o que tan solo saludé en alguna oportunidad. Unos se reunían en círculo, charlaban, bromeaban, debatían de política y economía, también había quienes hablaban sobre mí de manera triste y melancólica, contando mis propias anécdotas y objetivos personales ¿Cómo es que nadie tenía la amabilidad de saludarme?¿Acaso era una broma? Intentaba tocar el hombro de alguno que como sin notarme me otorgaba su espalda friamente, le susurraba al oido a otro y, sin embargo, continuaba su charla como si mi existencia fuera nula ¿Por qué estaba toda esta gente vestida de negro en mi salón comedor sin mi consetimiento? Parecía un velorio, pero si así fuese,¿De quién se trataba?¿Y cómo es que yo no fui comunicado de semejante noticia? Traspasando el cuarto, haciendome paso entre gente inundada de verborragia, llenando sus ansias con tragos y café. Logre paso hacia el final y pude vislumbrar lo que tanto me intrigaba y anhelaba conocer.
Casi sobre la pared, iluminada por algunas velas, estaba un oscuro ataud. El cajón se encontraba abierto, lo que más llamo mi atención fue que sobre la parte inferior se apoyaba la humanidad de mi querida Eugenia. Lloraba tibia y suavemente, murmurando ciertas palabras al cuerpo fallecido. La llame... ella no respondia a mi voz, sin siquiera brindarme una mirada de compasión. Apronté mis primeros pasos hacia ella, tenía miedo, miedo de encontrar una realidad de la cual no quería darme cuenta aún, juntando las pocas fuerzas que encontré, me incliné y observé hacia el moribundo.
Ahí estaba lo tan temido, vestido con mi mejor traje negro, con esa expresión de seriedad y paz que tanto me caracterizaba, esa tranquilidad interior que debe otorgar la muerte. Esa misma tranquilidad se centro en mí, ya el miedo era parte del pasado, sabía que desde ese momento solo me encontraría con benevolencia, paz y sabiduria.
Aquella niñez tan festejada y alegre que ha marcado mi personalidad, como cuando trepaba el viejo pino del terreno frontal, los pequeños y humildes cumpleaños que tanto festejaba con mis seres queridos, con la sincera sonrisa de mi abuelo, orgulloso de que cumpliera un año mas de vida. La frágil y rebelde adolescencia en la que descubrí miles de sentimientos, y comprendí dilemas que formarían parte de mí años después. Los años de estudio en el viejo departamento de Flores, los arreglos económicos con los que sudaba para llegar a fin de mes, las reuniones con amigos ¡Cuantas mesas de poker y whisky habremos hecho!
Eugenia... mi querida Eugenia, tantos momentos compartidos, ¡cuantos sueños por delante! Tal vez en ese momento supe todo lo que la amaba, y quizas eso termino de llenar ese espacio en mí, ese vacio de amor y humanidad que faltaba para terminar de conglosar una vida, un tiempo.
No importaba quien fuera el Sr. Franz, ya no temía ni de él ni de su soberano, tampoco tuve interes de saber que iba a ocurrir con la sociedad, aunque resultara un pensamiento egoista ¿Habria un nuevo Holocausto? Ya no era necesario saberlo, eso se lo dejaba al tiempo, aquel tiempo que me brindó la vida, que me enseñó a crecer, el cual me mostró o intentó mostrarme el bien y el mal, en fín, aquel tiempo que fue uno con mis vivencias, con mis triunfos, con mis derrotas. Al comprender tantas cosas ya no me arrepentía de dar mi vida por él, es más, quizás fuese poco comparado con todo lo que gracias a él aprendí.

Marvel Aguilera

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